Detrás de cada especialista consagrado hay una historia que los libros de medicina no cuentan. Para el anestesiólogo Felipe Díaz, egresado de la Universidad Militar Nueva Granada, ese camino no se construyó en la comodidad, sino en el vaivén de una carretera propensa a los derrumbes, en las bajas temperaturas y en el rebusque diario para ganarse un plato de comida.
Hoy, a punto de iniciar sus estudios en la subespecialidad de trasplante pulmonar en uno de los mejores hospitales del mundo, Felipe nos cuenta su trayectoria con una crudeza libre de romanticismos: «Tanto sufrimiento hace que se forje el carácter».
Es oriundo de Villavicencio, Meta, región de la Orinoquía colombiana donde se usa sombrero y se ordeñan las vacas al salir el sol. Fue criado en medio del trabajo agrícola y ganadero, pero su aspiración al terminar el bachillerato era convertirse en chef. Sin embargo, la orientación profesional de la época y su indiscutible destreza para las matemáticas inclinaron la balanza hacia la medicina o la ingeniería
La historia completa en el periódico El Neogranadino: Ver aquí




