Palabras del señor Mayor General (R) Javier Alberto Ayala Amaya, Ph. D., durante el acto de posesión como rector de la UMNG.

Apreciada Comunidad Neogranadina:

Desde antes de presentar mi nombre como candidato a la Rectoría de la Universidad Militar Nueva Granada, ya venía trabajando en una propuesta de universidad que hiciera frente a los desafíos más urgentes de nuestra sociedad colombiana, que a la vez son retos de toda la humanidad: el cambio climático, los conflictos armados, las violencias de género, la crisis ética, la corrupción, la desatención a niños, niñas y jóvenes, la inseguridad alimentaria y sanitaria, la desigualdad social y económica y las necesidades en seguridad nacional.

Dicha iniciativa debía plasmar el respeto por la dignidad humana, lo cual seP traduce, por una parte, en la exaltación del derecho a una educación con los más altos estándares de calidad y, por la otra, en el reconocimiento de la comunidad neogranadina como protagonista tanto en la transformación de los individuos y de las comunidades que habitan el territorio nacional, como en la creación de condiciones que hagan posible el deseo más anhelado de los colombianos: la paz.

La propuesta de universidad que resultó de las premisas expuestas quedó registrada en una hoja de ruta tan ambiciosa como original: el Plan rectoral 2023-2027: Educación neogranadina para la vida, el liderazgo y la paz.

Este Plan rectoral entiende la educación como la herramienta más poderosa para transformar la vida de las personas y de las sociedades. A su vez, busca configurarse en soporte del Estado social de derecho y de la democracia, garantizar los Derechos Humanos, obedecer la Constitución y las leyes y trascender el Antropoceno para asumir un sentido no solo de pertenencia nacional, regional y global, sino también de responsabilidad con el planeta.

Sustentado en el respeto por la dignidad humana y en los valores de igualdad, justicia, libertad, solidaridad, inclusión, dignidad y participación, nuestro Plan rectoral 2023-2027 se estructura en ocho componentes estratégicos, ocho escenarios de experiencias que se enfocan en planear y ejecutar proyectos de enseñanza-aprendizaje, investigación y extensión, de los cuales detallaré y resaltaré sus avances más adelante.

Tuve la inmensa fortuna de servir a Colombia desde mi piel pixelada durante más de treinta años. Ser soldado de mi patria es un honroso servicio que me llevó a entender que los conflictos bélicos, aunque se suelen mostrar como un evento consustancial a la historia humana, requieren ser comprendidos en sus múltiples dimensiones. En la guerra, a pesar de su violencia característica, no todo es válido. Vivir en medio de un conflicto, haberlo estudiado y comprendido a fondo, y ver de cerca sus consecuencias, me habilitan para afirmar, primero, que tenemos mucho que aportarle al mundo por la experiencia de sesenta años de conflicto no internacional, y, segundo, que la única vía correcta para encaminar los destinos de una nación es la paz.

El interrogante que plantea este desafío es cómo lograrlo. La vida misma me ha llevado a encontrar respuestas: durante mi carrera militar y en cumplimiento de mis funciones constitucionales como jefe del Departamento Jurídico Integral del Ejército Nacional y comandante del Comando Conjunto Estratégico de Transición de las Fuerzas Militares, tuve la oportunidad de contribuir a la implementación del Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.

Este trabajo incluyó la elaboración de más de un centenar de productos académicos dirigidos a la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad y a la Jurisdicción Especial para la Paz; el diseño y ejecución de programas y actividades para reconocer y dignificar a más de

9.000 militares y sus familias víctimas del conflicto armado, y el acompañamiento jurídico a más de 2.000 comparecientes de la fuerza pública, con el fin de avanzar hacia la verdad, la reparación y la reconciliación.

Estas experiencias me mostraron que, en la etapa posterior a la firma de un acuerdo de paz, el recorrido no es sencillo; se presentan obstáculos, y los resultados a veces parecen no cumplir a cabalidad con las expectativas de la sociedad. Sin embargo, estoy convencido de que este escenario está lleno de incalculables oportunidades para crecer, para creer, para reconciliarnos como nación, para superar las diferencias y recuperar el tejido social que se rompió en décadas de conflicto; en síntesis, para continuar construyéndonos como país. Educar para formar ciudadanos globales es un reto, pero lo es aún más la enseñanza y el aprendizaje en torno a la paz, pues es un proceso en el que todos debemos involucrarnos:

profesores, investigadores, estudiantes, egresados, directivos y personal administrativo y de servicios, todos los que conformamos esta comunidad neogranadina.

No estoy dispuesto a ser inferior a esta inmensa oportunidad de liderar la Universidad Militar Nueva Granada, porque más allá de ello, es un deber y una responsabilidad con mi patria y con mis connacionales. Este corazón neogranadino, con visión de liderazgo estratégico, recibirá a víctimas y comparecientes con quienes diseñaremos y llevaremos a buen término proyectos que potencien los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU relacionados con la educación y la paz. Juntos construiremos programas que garanticen un óptimo desarrollo de la Cátedra de la Paz, y así, consolidaremos una formación académica integral a partir de la cual podremos cristalizar todo cuanto imaginamos.

Debo insistir en que la ética y la integridad son principios esenciales de nuestra administración y que velaré por garantizar que los procesos administrativos y financieros en la Universidad se adelanten con los estándares más altos de transparencia, condición indispensable para alcanzar confianza y credibilidad en nuestros proyectos institucionales. La comunidad neogranadina debe permanecer informada sobre nuestro quehacer, en un marco de abierta participación y escrutinio. Estas prácticas no solo configuran un ambiente de franqueza en nuestra universidad, sino que forman una ciudadanía sensible, responsable y participativa que conoce y ejerce sus derechos y obligaciones.

Como rector de la UMNG, encaro plenamente el compromiso de abordar los problemas que han surgido en los últimos meses y que algunos medios de comunicación han titulado como “Escandaloso informe sobre la pasada administración y sus directivas”. Reconozco la importancia de estos señalamientos y quiero expresar mi pacto inquebrantable con la transparencia y la rendición de cuentas en nuestra institución.

En este sentido, quiero dejar claro que mi enfoque no es revanchista; más bien, estoy decidido a colaborar plenamente con los organismos de control para esclarecer los hechos y establecer responsabilidades de conformidad con la ley. Creo firmemente que esta colaboración será fundamental para fortalecer la confianza en nuestra Universidad y garantizar que la comunidad académica, así como la sociedad en general, tengan la certeza de que actuamos con integridad.

Me comprometo de manera categórica con el fortalecimiento de la ética y la transparencia en todas las instancias de nuestra institución. Implementaré medidas concretas para garantizar que la toma de decisiones y la gestión administrativa se realicen de manera ética y que se promueva una cultura de integridad en todos los aspectos de la vida universitaria. Este cometido no solo busca abordar los problemas del pasado, sino también construir una base sólida para el futuro, restaurando así la imagen de nuestra amada Universidad Militar Nueva Granada, una institución digna de la admiración y afecto de los colombianos.

El ya probado profesionalismo de la comunidad neogranadina es decisivo: profesores, investigadores, estudiantes, egresados, directivos y personal administrativo y de servicios, trabajando con fraternidad y cohesión en torno al Plan rectoral 2023-2027, honraremos el legado de los fundadores y exaltaremos la naturaleza excepcional de la Universidad Militar Nueva Granada. Y no exagero al afirmar que somos excepcionales, porque tal como lo determina la Ley 805 de 2003, el nuestro es un “ente universitario autónomo del orden nacional, con régimen orgánico especial […] vinculado al Ministerio de Educación Nacional”, pero cuyo fin primero consiste en “ofrecer formación superior y profundizar en la formación integral de los miembros de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional, en actividad o retiro, a los empleados civiles del sector Defensa, a los familiares de los anteriores y a los particulares que se vinculen a la Universidad, capacitándolos para cumplir las funciones profesionales, investigativas y de servicio social que requiere el país”.

En otras palabras, somos únicos en el mundo porque, siendo una universidad militar, no nos encargamos de la instrucción castrense, pero sí formamos a nuestra Fuerza Pública

—y a todo ciudadano interesado en una educación de calidad— en profesiones civiles, finalidad para la cual contamos en nuestras aulas con el talento de militares activos y en retiro, así como de civiles, todos de excepcional cualificación.

Estos postulados constituyen el fundamento de la actual agenda administrativa de la Universidad, la cual lideraré con la conciencia de que somos una universidad única al servicio de un país también único y majestuoso. Una nación con una maravillosa pluralidad étnica y cultural, en la que se hablan setenta lenguas; con uno de los mayores índices de biodiversidad

en el planeta; con cerca del 40 % del territorio nacional sobre la selva amazónica; con más de 1600 kilómetros de costa sobre el mar Caribe, donde compartimos frontera con ocho países; con una amplia ventana al océano Pacífico que nos aproxima a Canadá, Estados Unidos, China y Japón, cuatro de las naciones más ricas del mundo, y con la posibilidad, incluso, de aspirar a ser miembro consultivo del Tratado Antártico. La Universidad Militar Nueva Granada debe aprovechar todas estas condiciones singulares y extraordinarias de nuestro país para potenciar una educación para la paz y la ciencia.

Desde luego, la paz es hoy el objetivo central para las personas, las organizaciones y los gobiernos, no solo de Colombia, sino del mundo. Por ello, como rector de la Universidad Militar Nueva Granada, educar para la paz es uno de mis mayores desafíos. Es perentorio formar individuos con las competencias necesarias para gestionar conflictos por vías distantes y distintas de la violencia.

Sea esta la oportunidad para exaltar y agradecer el trabajo de cada una de las personas que han asumido como propios los ocho componentes y objetivos del Plan rectoral 2023-2027, en procura del fortalecimiento y el mejoramiento institucional. Los resultados de los primeros 100 días de su ejecución hablan por sí solos:

El primer componente, “Formación integral e innovación educativa” promueve una educación que empodera a los estudiantes y los motiva a adoptar una cultura digital, a vivir un sentido de pertenencia al territorio, a comprometerse con el desarrollo humano sostenible y a trabajar por la transformación personal y de su comunidad. De este componente, ya pueden mencionarse, entre otras actividades, el otorgamiento de descuentos para estudios de posgrados y cursos de inglés, la creación del Pregrado en Educación para la Paz, la estructuración del programa de Alto Liderazgo Multidimensional y el lanzamiento de la carrera de Matemáticas Aplicadas y Computacionales.

El segundo componente, “Investigación y generación de conocimiento”, genera un impacto científico, social y académico mediante un sistema integral de ciencia, tecnología e innovación. Aquí, ya registramos en los últimos meses 224 proyectos en ejecución, como resultado de 8 convocatorias en el periodo 2023-2025; así como la publicación de 7 revistas, 14 libros y la aprobación de 4 más por parte del Comité Editorial.

El tercer componente, “Bienestar de la comunidad”, busca favorecer la calidad de vida y la formación integral de la comunidad académica. A este respecto, ya se han llevado a cabo eventos deportivos y culturales; se han planeado y ejecutado iniciativas de prevención y promoción de la salud, y de orientación, acompañamiento y seguimiento estudiantil, con una cobertura de 7.711 beneficiarios; y se han puesto en marcha los programas Lazos UMNG y Alumni UMNG.

“Equidad, inclusión y pluralismo” es el título del cuarto componente, el cual vincula a la Universidad con el Objetivo de Desarrollo Sostenible de “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida para todos”.

El quinto componente, “Prioridades nacionales y retos globales” , mediante redes académicas nacionales e internacionales, brinda oportunidades de formación, investigación y producción de conocimiento, y promueve la internacionalización y la movilidad académica. Entre los logros, vale la pena resaltar la suscripción de 4 convenios, más otros 22 que están en trámite y 8 en gestión, con universidades nacionales y extranjeras; la participación en la Convención sobre retos globales para la educación, la visita a la Organización de Estados Americanos (OEA) y el contacto con representantes de Harvard Medical School y Yale School of Nursing para entablar alianzas en materia de educación continua y movilidad internacional.

El sexto componente se centra en “La sociedad y el territorio”, para fomentar el intercambio de saberes con las comunidades, especialmente las rurales, que aporten a la institución desde sus experiencias y formas de convivir; además, promueve la generación de conocimiento científico y tecnológico en energías renovables, conservación ambiental, agricultura sostenible y salud pública. Con este horizonte, se llevaron a cabo importantes eventos en los que se discutieron temas como los derechos del campesinado, la convivencia social y la construcción de paz.

La “Gobernanza y gobernabilidad neogranadinas” conforman el séptimo componente, con el cual la capacidad de gestión y autorregulación impulsan la ética, la integridad y la gestión de recursos. En este sentido, en los primeros cien días se fortalecieron el seguimiento y ejecución presupuestal, la estructuración del presupuesto 2024, la supervisión de contratos, el trámite a requerimientos de auditorías. Adicionalmente, se registró un

incremento de la ejecución presupuestal del 15,1 % al 33 %; se creó y formalizó el procedimiento de calidad; se conformó el equipo de seguridad digital; se ejecutaron cuatro procesos de auditoría interna y una auditoría financiera a la vigencia 2022, y se han entregado diez informes al representante legal y cuatro a la Contraloría General de la República.

El último componente es el que conforma el “Triángulo estratégico: sociedad, fuerza pública y Estado”, que resalta el papel de la Fuerza Pública en la defensa nacional y el desarrollo social; el del Estado en el control y la supervisión de la Fuerza Pública, y el de la sociedad en la legitimidad y el apoyo al Estado. Desde aquí, ya se ha impartido el Curso de Liderazgo y Toma de Decisiones, con la Policía Nacional, y el Diplomado en Gobernanza para la Seguridad y el Desarrollo Territorial.

Con estos ocho componentes estratégicos, me comprometo como rector a impulsar la formación integral del ser humano con tres derroteros principales, que ya he venido mencionando, pero que no está demás recalcar: la paz, los derechos humanos y el desarrollo sostenible. Una formación que propende por el desarrollo de valores y competencias en ámbitos como la política, la economía, el medioambiente, la diversidad cultural, la igualdad de género y el uso de medios digitales, para facilitar el acceso a la educación, en aras de aportar a la construcción de personas éticas, solidarias y empáticas; conscientes no solo del entorno inmediato, sino de las complejidades de la realidad global, y comprometidas con su presente y su futuro, con la capacidad de afectar de manera positiva estas dimensiones.

Nos aguardan tiempos desafiantes, pero los logros mencionados evidencian el potencial de un trabajo colaborativo, bien estructurado y con visión prospectiva. Impulsados por estos éxitos, profesores, investigadores, estudiantes, egresados, directivos y personal administrativo y de servicios, nos comprometemos a generar nuevas iniciativas y a perseverar para alcanzar nuestros objetivos.

Es el momento para todos nosotros, como comunidad neogranadina, de contribuir en la construcción de una universidad sostenible en lo académico, investigativo, económico y social. Nos embarcamos en una tarea maravillosa, y, como rector, confío en que la suma de nuestros esfuerzos nos llevará a la excelencia, a convertirnos en un referente educativo para

Colombia y el mundo. Con todo nuestro talento, nos dirigimos hacia un futuro donde la Universidad Militar Nueva Granada sirva a la sociedad como faro de inspiración para todos los ciudadanos.

¡Adelante hacia la grandeza y la excelencia, juntos construiremos un legado imborrable!

MG (R) Javier Alberto Ayala Amaya, Ph. D.

Rector de la Universidad Militar Nueva Granada

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